Quiénes somos

La iluminación como lenguaje
Un belén no se acaba cuando se colocan las figuras. Se acaba cuando la luz entra en él y, de repente, aquello que era un conjunto de tierra, musgo y escayola se convierte en un lugar: una calle al amanecer, una cueva donde todavía arde el fuego, un cielo que se apaga lentamente tras las montañas. La luz no decora el belén: lo narra.
Esta convicción —que la iluminación es una de las herramientas más poderosas, y a la vez más olvidadas, del arte pesebrista— es el origen de este proyecto.
(Desconocido)
Un camino que viene de lejos
Como muchos pesebristas, la afición me llegó por tradición familiar, mucho antes de saber nada de electrónica. Con los años, sin embargo, mi formación técnica se fue entrelazando con esta pasión: me encontré preguntándome no solo dónde colocar cada figura, sino cómo hacer que la luz explicara la misma historia que las figuras. De este cruce nacieron los primeros controladores DMX pensados específicamente para dioramas y belenes —el proyecto ARDMX—, y con ellos, la necesidad de un espacio donde hablar de todo esto con calma.
Como miembro activo de la Agrupació de Pessebristes de Sant Pere de Ribes y de la Associació de Pessebristes de Vilanova i la Geltrú, he tenido la suerte de ver de cerca cómo toda una comunidad se transmite conocimiento año tras año, a menudo sin manuales ni cursos formales: mirando, preguntando, probando. Este espacio quiere ser una extensión de esa manera de hacer.

(Manel Mila Ferrer – 1993)
Por qué este espacio
«La Llum del Pessebre» no pretende ser ninguna autoridad ni ninguna academia de pesebrismo. Es, simplemente, un lugar de encuentro: un espacio donde compartir técnicas de iluminación, experiencias —los aciertos y también los errores—, y donde aprender de los conocimientos de otros pesebristas tanto o más que de los propios.
No hay detrás ninguna asociación, ninguna empresa, ni ninguna intención profesional: solo la voluntad de que la luz, ese elemento tan decisivo y tan a menudo dejado para el final, tenga por fin el espacio que se merece dentro de nuestra tradición.